“El periodista y el periódico no son el periodismo”, y por consecuencia el internet tampoco; la información puede estar ahí, con un nuevo lenguaje, invento de los adolescentes y que el uso a sobrepasado esa edad; con poca veracidad, pero menos criticado que el periodismo impreso; con la agilidad y la rapidez, pero tan limitada a tan solo a los que pertenecemos a una aldea global.
Es una lucha constante por ganar terreno y por tener más adeptos. La prensa como buena madre aún resguarda su ética, pero como padre definitivo la olvida y el internet pretende conservarla, pero no la cuida, por el simple hecho de que cualquier hijo de vecino puede realizar el trabajo periodístico.
La transparencia es agredida no solo por ello, sino por el contexto en el que vivimos, lleno de miedo, de muerte, por el enemigo número uno de la libertad de expresión, un rival que tiene nombre y apellido, el Crimen Organizado. Asesinato a periodistas, secuestros, amenazas, toda una ola de crímenes en contra de los que ejercen el trabajo de decir la verdad e informar a los que queremos escucharla.
Pueden no firmar lo que escriben pero, ¿quién les creerá?, pueden arriesgarse a todo y morir en el intento de su labor convirtiéndose en mártires del periodismo, pero, ¿Quién nos informara? Y ahí es donde la labor y la falsa identidad del “periodista ciudadano” entran, ese que no teme represarías, que no tiene un salario, ni donde publicar, en algunos casos, pero disfruta de informar. También aquí es donde entran las redes sociales Facebook, Twitter y otras, donde uno es parte de una ciudad cibernética en la cual tenemos la información a la mano y sin muchos limites.
Podemos acusar de elitista a la on line, al periódico de populista y al periodismo de ingenuo, podemos decir que el papel desaparecerá y que la internet reinara, pero, ¿qué tan cierto son estas suposiciones y acusaciones?, quizá no lo sepamos nosotros ni las generaciones que nos siguen, pero lo de hoy – y sonaré libertino- es hacer periodismo y disfrutar de todos los recursos que tenemos para ser escuchado y leídos.
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